La ventana permanecía encendida cuando era de día

y apagada cuando era de noche

y parecía que nadie a mi alrededor se daba cuenta.

Solo yo fui capaz de acercarme, sigiloso,

para comprobar si había alguien en su interior

o si había alguna explicación lógica a aquel misterio.

Al llegar junto al marco

me di cuenta que allí no había cristal

y que las paredes eran de cartón.

En realidad no me dio tiempo de

descubrir qué había fuera,

ya que alguien aplastó la caja de zapatos

en la que estaba metido

y todo se desvaneció en un santiamén.

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Escritor de romántica liberal y ficción oscura. Webmaster, blogger, podcaster y vlogger.

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