¡Vaya! Pensarás ¿con qué nos viene este ahora?

Pues con algo similar a un tema que hablé en esta web o blog. Y sí, está relacionado con el coworking y los beneficios que tiene para que cumplas tus objetivos. Pulsa aquí para leer el otro artículo si todavía no lo has hecho (¡corre insensato/a!).

Recuerdo que cuando escribí sobre las bondades de apuntarse a un coworking aún estaba algo verde en el tema y me dejé llevar por la pasión inicial.

¿Pero cómo? ¿Ya no te gusta ir a tu oficina?

Yo no he dicho eso. Lo que quiero decir es que con el tiempo te das cuenta mejor de los beneficios o lo negativo de las experiencias, sean las que sean. Y como ya han pasado tres meses y unos días puedo hablar con razón y sabiduría (qué bonito me ha quedado esto).

Y es que el método es nada más y nada menos que alquilar un espacio de coworking ¿ves? ¿A que era sencillo? Pues no, espera un momento.

Estos espacios son una excelente opción para que muevas tu culo, te desplaces de tu casa a dicho lugar a diario y ya que lo haces, aproveches el tiempo. Si ya ni con esas haces nada, tienes un serio problema. O simplemente no te gusta lo que haces (y deberías plantearte hacer otra cosa). Pues eso, si eres un artista del tipo que sea, seguro que estos lugares te pueden ir genial para tu creatividad y productividad.

Somos animales de costumbres y como animales, tenemos que domesticarnos y domarnos. Tenemos que obligarnos aunque nos guste lo que hacemos, porque las distracciones y la procrastinación están a la vuelta de la esquina esperando agazapadas a que falles y caigas.

Quizá habrá artistas o escritores perfectos a los que no les haga falta alquilarse un espacio privado de trabajo. En mi caso he visto que es la solución definitiva y eso que yo acudí al espacio de coworking en cuestión por otras razones, pero mira, al final me he dado cuenta que para acabar lo pendiente y seguir con lo siguiente tengo que pagar el precio (monetario y psicológico). Si es tu sueño, lo pagarás a gusto y todo irá como la seda, te lo aseguro.

Así ha quedado mi escritorio tras agregar varias novelas y libros de consulta. Además he subido un poco el monitor ya que me estaba dejando el cuello. Lo que se ve en los monitores es el Vegas Pro ya que en ese momento estaba editando un vídeo con uno de mis poemas de amor. Oh, l’amour.

LO NEGATIVO

No hay nada bueno sin un lado oscuro. Yin y yang. Y es que en muchos casos, los que van a esos espacios de coworking (personas empleadas o autoempleadas) son gente que está muy alejada de lo artístico y no entienden cómo es eso de que estés pagando tu espacio para escribir, dibujar o lo que te dé la gana a ti hacer. En muchos casos cuestionarán lo que haces, pondrán cara de incredulidad y soltarán algún que otro comentario fuera de lugar. No pasa nada, en serio, al principio te choca pero después te creas tu coraza (o escudo) de diamante.

Parece como que si eres escritor debes hacerlo en casa o en una cafetería y jamás puedes pagar por escribir ¡Oh, sacrilegio, blasfemia! Pues mira, está bien visto pagar por estudiar o por cualquier otra nimiedad. Pagas por la casa donde vives, ya sea una hipoteca o un alquiler, pagas un parking (en algunos casos), pagas por desplazarte. Todo tiene un precio y lo que nunca deberíamos cuestionar es el precio de tus sueños. Jamás. Y nadie debería dudar de ti porque ellos no sepan lo que es luchar a ciegas con capa y espada contra viento y marea (buf, que se viene una de piratas). Al fin y al cabo, son personas que si no estuviesen empleadas o no estuviesen obligadas a hacer lo que hacen, jamás pagarían por un escritorio. Preferirían pasar las tardes rascándose la panza en el salón de su casa.

Lo ideal sería que hubiese coworkings para artistas donde no hubiesen los problemas anteriormente citados, pero bueno, tiempo al tiempo. Y ya que serían para artistas, creo que deberían ser algo más económicos ¿no? Porque claro, en la mayoría de casos no recibes nada a cambio de lo que haces (al menos al principio) y lo haces porque quieres y te hace feliz. En el caso de que comenzaras a recibir una retribución por ello, podrían subirte el alquiler pero si no no.

Si es que debería dedicarme a montar un negocio de estos… Calla, calla, tú a escribir y los negocios déjaselos a otros más duchos en el tema.

Y todo esto que he hablado anteriormente ¿a qué ha venido? Pues porque estoy cansado de leer consejos para escritores por internet, para escribir cada día, para ser constantes, etc. Que están bien pero no atajan el problema de raíz y os aseguro que desplazarte como si fueses a tu otro trabajo (que en realidad lo es) y cumplir un horario en un lugar que no es tu casa, es de lo más productivo.

Y punto.

Siempre hay dinerito para cañas ¿a que sí?

Seguramente algún aguafiestas me dirá que no todo el mundo se puede permitir un espacio de coworking o que es un lujo. Pues mira, listo o lista, puedes tener tu escritorio desde unos 60 euros más IVA. Está claro que cuanto más pagues, mejor será el espacio, pero bueno, no hay excusas. Si no te convence, siempre puedes recurrir a esos consejos online que tanto prometen y que muy poco se cumplen.

Transformemos los espacios de coworking en lugares para artistas y luchemos por una locura (sana) en común.

Por último os dejo con un vídeo que publiqué en el canal de Youtube donde os explico aún más todo lo que habéis leído antes y además os enseño mi espacio de coworking:


¡Gracias por ver el vídeo!

Un placer, un beso y nos leemos en siguientes artículos de esta web.

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