Los dos amores pasionales de El club Dumas

Hace unos meses me leí El Club Dumas o La novena puerta (para los más cinéfilos) y con lo que me quedo principalmente es con lo que os contaré a continuación. Os aviso que no voy a hacer una aburrida y amplia review, más bien os contaré lo mejor y más interesante desde el punto de vista de esta web y nuestros seguidores y seguidoras (y un servidor mismo).

Y es que en esta novela de temática satánica / literaria, lo que más destaco es la relación que tiene el protagonista Lucas Corso con la misteriosa chica, la que se hace llamar Irene Adler (ya que se pone ese nombre para confundir aún más al pobre Corso). Hubiese deseado que se hubiera mantenido la intriga y el misterio hasta el final y no que se insinuase una y otra vez que ella era Lucifer o el demonio que fuese en esta historia. Ni siquiera al final sabemos al cien por cien si ella es Lucifer pero bueno, creo que se nos da la suficiente información para suponerlo.

Portada de la peli basada en el libro y con el gran Johnny Depp de protagonista. Por cierto que en la película se llama Dean Corso en vez de Lucas Corso.

Pero antes de hablar de la relación que tienen Corso y Adler, hablemos de la que tiene él con la viuda Taillefer con la que Corso tiene una escena de lo más sugerente e interesante (y no me refiero a cuando ella consuma el acto con él sino cuando hablan por primera vez). Es el juego de la seducción simple, medida (ya que su marido acaba de morir) e interesada. Es lo que reflexiona Corso lo que hace la situación cada vez más asfixiante y es cuando ella vuelve a aparecer cuando se consuma esa pasión. Esto aparece en la película pero muy por encima. Me quedo con una visión, un momento de cuando Corso se marcha de la casa de ella y baja las escaleras y dice:

Tras perder de vista la inquisitiva mirada de los ojos azul acero, su última imagen se deslizó por el cuerpo de Liana Taillefer, busto y caderas, hasta las piernas de carne firme y blanca que asentaba un poco separadas, sugerentes y fuertes como las columnas de un templo.

El club Dumas, Pérez-Reverte.

Todo esto contrasta con la visión que tiene él de Irene Adler que aún siendo más joven que Liana Taillefer no le provoca esa pasión instantánea y facilona, no es su objeto de deseo principal aunque luego, poco a poco sí que se vuelve alguien con quien Corso tendría una noche de pasión pero más por la sencillez y el misterio de la misma Irene Adler que por lo que desprende ella de por sí a primera vista. Incluso la forma de vestir de ambas es distinta: una es sensual y elegante y la otra Corso la compara con un muchacho con su tejanos y su camiseta e incluso su pelo corto. Eso sí, el misterio que desprende Irene Adler no lo tiene la viuda Taillefer. Irene pese a su apariencia poco sensual, tiene elementos que para Corso son excitantes como su piel tostada y tersa, su juventud, ese olor a calor y fiebre y esos ojos «con toda la luz arrebatada al cielo».

La edición que me leí.

La relación de Corso y Adler no es algo de un día, no, es algo que va evolucionando y que poco a poco va volviéndose más y más pasional hasta que conseguimos leer el roce que tienen entre ellos de una forma un tanto peculiar ya que al autor le gusta comparar la erección de Corso con soldados y guerras varias (también por la experiencia que tiene al respecto en ese terreno). En un primer asalto no lo consigue (por varias razones) pero tras haber descansado un poco, vuelve a la carga y hace el amor con ella en una de las mejores escenas del libro.

Con el sabor de una de esas gotas (de sangre) en la lengua se inclinó hacia ella, hasta la ternura de sus labios entreabiertos de donde ahora brotaba un suave gemido que parecía venir de muy atrás, lento y monótono, viejo de siglos.

El club Dumas, Pérez-Reverte.

El encuentro sexual con Adler es mágico, lleno de misterios y muy poético. No ocurre así con Taillefer que es más una relación marcada por el interés de ambos por conseguir lo que desean en un momento puntual. El idilio de Corso con Adler es algo que puede durar eternamente ya que su profundidad solo la entienden aquellos que darían su alma por descubrir y conocer un ser así.

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