Es tan bella, tan preciosa

que no me atrevo ni a lanzarle una mirada

con tal de que no me la rechace.

La miro al fin a través del espejo de la barra,

la observo en silencio

y tomo el último sorbo de mi vaso de bourbon.

Va vestida de negro,

con su pelo azabache suelto

y su piel que deslumbra en las tinieblas.

Muy a mi pesar, se pone de pie y se marcha

dejando su copa a medias.

Como la única forma de degustar sus labios

es bebiendo de su copa,

me giro hacia ella y tomo ese elixir,

ese cáliz de fuego y lo noto al fin

entrar en mi cuerpo, quemando mis entrañas.

Y, al salir de allí,

me doy cuenta que la volveré a ver,

quizá esa noche o mañana por la mañana

en un lugar recóndito

en lo más profundo del infierno.

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Escritor de romántica liberal y ficción oscura. Webmaster, blogger, podcaster y vlogger.

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