Recuerdo cuando te fui a despedir a la estación,

aún rememoro tus ojos llorosos mientras agitabas tu brazo desde la ventanilla

y yo corría a medida que el tren comenzaba a mover sus ruedas,

a medida que te ibas alejando poco a poco de mí.

Te grité que te quería y tú, como no lograste oírme

asomaste tu cabeza para lanzarme un beso

sin darte cuenta de que había un poste con varios ganchos sobresaliendo.

Desde entonces cada treinta de octubre me paso por la estación

al mismo lugar donde tu testa cayó sobre mi pecho.

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Escritor de romántica liberal y ficción oscura. Webmaster, blogger, podcaster y vlogger.

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